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Animales - Conejos
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En cunicultura, al igual que en la explotación de las demás especies domésticas, la alimentación representa el porcentaje más elevado del costo total de la producción y en el caso de la producción de carne de conejo, como mínimo representa el 70 % del precio de costo del kilo de carne, por lo que si se desea obte­ner una buena rentabilidad del capital invertido, el factor más importante a tener en cuenta, y que débese reducir al mínimo, es el de la alimentación.

De ahí la necesidad de saber alimentar racionalmente a los conejos, proporcionándoles todos los principios digestibles que precise, de acuerdo con sus necesidades, y al precio más bajo posible.

Por medio de los alimentos proporcionamos a los animales la energía y las sustancias plásticas necesarias para la renova­ción de los tejidos vivos, o para la formación de nuevos.

Los alimentos, desde que penetran dentro del cuerpo del co­nejo hasta su expulsión en forma de excrementos, experimentan una serie de transformaciones al objeto de convertirlos en prin­cipios utilizables para el animal. Estos procesos tienen lugar a lo largo del aparato digestivo, desde donde los alimentos transfor­mados en sustancias más simplificadas, pasan a través de las pa­redes del intestino, al torrente circulatorio, el cual los distribuye por todo el cuerpo para nutrir las distintas células de cada órgano.

Los principios nutritivos que entran en la composición de los alimentos son los prótidos, los glúcidos, los lípidos, los minerales y las vitaminas. El conejo necesita de cada uno de estos principios nutritivos en cantidades distintas según se trata de animales jóvenes en crecimiento, de adultos en reposo o adultos en periodo de reproducción, o bien tengan que producir gran cantidad de pelo. Lo esencial es que el cunicultor sepa proporcionar cada uno de estos principios las cantidades justas que necesita cada animal de forma que no entren en la ración ni en cantida­des insuficientes ni excesivas.

Actualmente, los animales que se explotan son más seleccio­nados, y se les somete a sistemas de alimentación más intensos y especializados, al objeto de alcanzar más rápidamente el tipo de peso que desea el mercado.

Si bien es verdad que la ciencia bromatológica ha avanzado a pasos agigantados en estas últimas décadas, no debe olvidarse que es todavía mucho lo que queda por hacer, y precisamente la referida a la alimentación del conejo, por no haberse estudiado tan profusamente como en la mayor parte de las otras especies domésticas, y a pesar que el conejo se ha utilizado desde siempre como animal de experimentación en medicina y biología.

Para hacer posible una explotación cada día más intensiva e industrializada del conejo, las raciones deben estar bien equili­bradas, es decir, contener glúcidos, lípidos, prótidos, minerales y vitaminas en cantidades adecuadas para cada tipo de animal. Téngase presente que el éxito de la explotación depende, tanto de una adecuada alimentación, como de un manejo apropiado — instalaciones, ambiente, control de enfermedades y parásitos, etcétera —y de la raza o estirpe de conejos que se elijan. Sólo conjugando perfectamente estos tres aspectos — alimentación, selección y manejo — podrá prosperar una cunicultura racional.

En consecuencia, para organizar un plan de alimentación ra­cional, es preciso conocer las necesidades de los animales en cada uno de dichos principios nutritivos, y al mismo tiempo la com­posición de los alimentos utilizados en la elaboración de las ra­ciones que se les suministre.

COMPOSICIÓN DE LOS ALIMENTOS

Los componentes de los alimentos se dividen en dos grandes grupos: plásticos y energéticos. Los principios plásticos son aquellos que contribuyen a la formación de los tejidos. Sin ellos no es posible que el animal renueve sus tejidos, aumente de peso produzca pelo. Los principios plásticos son insustituibles o, mejor dicho, no se pueden reemplazar por otros. Así sucede con los aminoácidos, obtenidos de la desintegración de las proteínas, los minerales (calcio, fósforo, potasio, sodio, etc.), y las vitami­nas que actúan de catalizadoras y permiten la asimilación de principios que, sin su presencia, pasarían por el tubo digestivo sin ser asimilados.

Por el contrario, los principios energéticos pueden sustituirse unos por otros, ya que su única misión consiste en proporcionar energía al animal y constituir reservas. Sin alimentos energéti­cos las grasas, los hidratos de carbono, la celulosa y también las proteínas, que pueden sustituir los principios antes citados en su papel de suministradores de energía. Por consiguiente, téngase siempre presente que las proteinas no pueden ser suplidas por las grasas o los hidratos de carbono, y, por el contrario, las gra­sas y los hidratos de carbono pueden ser sustituidos por las pro­teínas, aunque esto resulta antieconómico, por ser su coste mu­cho más elevado.

Principios nutritivos

Proteinas. — Las proteinas son unas sustancias esenciales para la vida de todas las plantas y animales, como componentes del protoplasma y el núcleo de todas las células vivas. Ahora bien, mientras los vegetales tienen la capacidad de sintetizar sus proteínas a partir de compuestos relativamente simples, tales como el anhídrido carbónico, agua, nitratos y sulfates, los ani­males tienen como única fuente posible de proteinas el conteni­do en los tejidos de los vegetales o en los de otros animales.

Las proteinas son utilizadas constantemente por los anima­les, tanto para la fabricación de nuevos tejidos, en el caso del crecimiento y la reproducción, o simplemente, para la reposición de los tejidos desgastados.

Estos principios nutritivos, que son de mucho los más com­plejos, están compuestos por los elementos químicos: carbono, nitrógeno, hidrógeno y oxígeno, amén de que la mayoría de las proteínas comprenden también azufre y algunos fósforo, hierro, cobre o algún otro elemento. La composición elemental de una proteína es la siguiente, como término medio:

Carbono............................................ 53 %

Hidrógeno.......................................... 1 %

Nitrógeno...................................       16 %

Oxígeno.   .    ................................... 22%

Azufre........................................         2%

Partiendo de esta composición media puede aceptarse, sin caer en errores inadmisibles, que multiplicando el contenido de nitrógeno determinado por análisis químico de un alimento, por el factor 6,25, se puede determinar la proteína total o proteína bruta contenida en el alimento en cuestión.

Las proteínas, de composiciones químicas bastante complejas, están formada por la agrupación de moléculas químicas más cor­tas, llamadas aminoácidos, de los que hoy por hoy se conocen veintiuno distintos. De entre estos aminácidos —componentes de las proteínas — se sabe que hay algunos imprescindibles para el desarrollo de la vida animal, si bien la ciencia bromatológica, especialmente la aplicada al conejo, no está aún en condiciones de determinar exactamente las funciones de cada uno de ellos. Esta es una de las razones por las que recomendamos siempre confeccionar los piensos a partir de varios alimentos, aumentando así las posibilidades de cubrir todas las necesidades mínimas en cada uno de los aminoácidos. Día llegará en el que, en vez de referirnos sólo al contenido de proteínas de una ración, hablare­mos concretamente del contenido de cada uno de los amino­ácidos.

Glúcidos o hidratos de carbono. — Los carbohidratos son sus­tancias orgánicas ternarias o compuestas por carbono, hidrógeno y oxígeno y estos dos últimos elementos combinados en la mis­ma proporción que en el agua. En este grupo figuran los almido­nes y los azúcares, junto con otros productos como las celulosas, las gomas y las pentosanas. Generalmente en las tablas de com­posición de los alimentos, se indica por separado la celulosa del resto de los carbohidratos, designándola con el nombre de fibra bruta, dada su mayor dificultad para ser digerida.

Los azúcares son los carbohidratos más simples, y entre ellos se incluyen la glucosa, la fructosa, la sacarosa, la maltosa y la lactosa. Los almidones, ya más complejos, son el resultado de la combinación de varias moléculas de glucosa, con eliminación de agua; bajo forma de almidón se encuentran la mayor parte de las sustancias de reserva de los vegetales, y los animales tam­bién lo acumulan con idéntica finalidad en el hígado en forma de glucógeno.

Durante la digestión, los carbohidratos son reducidos a azú­cares simples, llamados monosacáridos, que, absorbidos, pasan al torrente circulatorio, distribuyéndose por todo el cuerpo ani­mal, hasta alcanzar a las células, en donde se someten a los procesos de oxidación, con desprendimiento de anhdrido carbó­nico, agua y producción de calor y energía.

Los lípidos o grasas. — Los alimentos vegetales y animales contienen sustancias insolubles en el agua, pero fácilmente extraibles por disolventes orgánicos como el éter, el cloroformo, etcétera. Este conjunto de sustancias se agrupan con el nombre de grasas o lípidos.

Las grasas las utiliza el conejo como fuente de calor y ener­gía, y también para producir la propia grasa animal. Estos prin­cipios nutritivos constituyen la forma más concentrada de ener­gía, ya que una parte de grasa proporciona, aproximadamente, 2,25 veces más calor y energía que el almidón, el azúcar u otro hidrato de carbono, por lo que se recomienda su uso para pro­ducir las llamadas «raciones de alta energía», en las que se au­menta el contenido en grasas hasta cierto límite, fijado por la mayoría de autores entre el 2 y el 5 %.

Las grasas, durante el proceso digestivo, se descomponen en ácidos grasos y glicéridos, y a través de la mucosa intestinal pasan al torrente circulatorio, en donde sufrirán una oxidación produciendo calor o energía, con desprendimiento de anhídrido carbónico y agua, al igual que en el caso de los glúcidos, o se recombinarán para formar, bajo la acción lipolítica del hígado, los depósitos de reserva de grasa del organismo. Por un proceso Himilar, si una ración contiene un exceso de hidratos de carbo­no, éstos se acumulan en forma de grasa al no quemarse en su totalidad

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Alimentación del conejo
Sábado, 18 Diciembre 2010

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