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Animales - Porcinos
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Los límites de la concentración

Méd. Vet. Pedro Goenaga. 2008. Supercampo, Bs. As., 14(160):48-50.


Introducción

La producción porcina lo­cal enfrenta la disyuntiva de concentrarse en grandes criaderos o profundizar el modelo de la cría a campo integrada a planteos agrícolas. Cuestión de escala e inversiones. Cómo inci­dirán las nuevas pautas de bienestar animal en el de­sarrollo de esta actividad.

Por primera vez surge en el país la necesidad objetiva de producir cerdos para cubrir el bache que dejará la insuficiente provisión de carne va­cuna destinada a atender el consuno interno y la creciente exportación. Se impone el desarrollo del sector, pero, ¿cómo se dará este proceso?

Se pueden seguir dos grandes vías tecnológicas que plantean una disyun­tiva: con pocas mega-empresas ultra especializadas, de cuantiosas inversio­nes en instalaciones de denso confina­miento, que copian las integraciones de pollos, un esquema que se podría denominar "industrial", o al contrario, con la participación de miles de pro­ductores rurales de mediano tamaño que combinen la cría de cerdos con la agricultura, proveedora del insumo básico -granos-, en su mismo campo.

Aunque el planteo industrial es adoptado y preconizado por grandes empresas del "agribussines", que lo proponen como la quintaesencia de la tecnología, lo cierto es que en los ám­bitos científicos está sufriendo severos cuestionamientos por sus consecuen­cias sociales, económicas y ambienta­les. De esto se trata cuando se habla de "sustentabilidad". También son objetadas en las esferas de decisión política de muchos países, como los EE.UU., donde sería inminente la apro­bación legislativa de la ansiada ley que prohíbe a los frigoríficos producir su propio ganado, o a poner limites a la dimensión de los criaderos o la forma en que son alojados los animales.

ALTERNATIVAS

La producción indus­trial, concentrada en "factorías" como pareciera estar expandiéndose, traería enormes implicancias socio-econó­micas, pues desplazaría un elevado número de genuinos productores ru­rales medianos o pequeños, que así perderían una excelente oportunidad para aumentar sus ingresos y su cali­dad de vida, a la vez de contribuir al fortalecimiento de los pueblos de la "pampa gringa", donde esta actividad cuenta con una de las más ventajosas condiciones mundiales. Es frecuente oír que ese sacrificio se hace en aras de la eficiencia en la reasignación de recursos, del abaratamiento de los alimentos y que en todo caso, las pérdidas de esos puestos directos de trabajo son compensadas, con creces, por los pues­tos de trabajo indirectos que generan; algo que no ha podido comprobarse en ninguna investigación.

Es preciso tomar en cuenta que la tecnología no es un fin en sí mismo sino un medio para alcanzar determi­nados objetivos fijados de antemano. A menudo las tecnologías no son neutras ni aptas para su adopción universal. La conveniencia de su apli­cación depende de las condiciones sociales y naturales, la disponibilidad de recursos (financieros, humanos) y de la idea que se piense acerca del desarrollo rural, de la ocupación del territorio, la urbanización en pueblos o ciudades de razonable tama­ño, la preservación de los recursos naturales, en especial del suelo, o la distribución de los beneficios tras la democratización de la economía.

De allí que la elección de la tecno­logía adecuada aparece como un paso crucial: una cosa es la tecnología para la gran escala y otra bien distinta para la escala moderada.

DIVERSIFICACIÓN

El fenómeno de concentración parece estar avanzado en los cerdos y en todos los rubros del agro argentino, hacia horizontes de integración, donde pocas megaempresas o corporaciones, cuentan como principal objetivo (¿único?) el de maximizar las ganancias y domi­nar el mercado.

Sin embargo, hay crecientes evi­dencias que demuestran que en es­cala moderada o pequeña se pueden producir mejores cerdos, con mayores beneficios para la sociedad, a menor costo y de mayor calidad.

Hace 50 años, el célebre antro­pólogo Walter Goldschmidt había postulado en Iowa el principio, que luego fue bautizado con su apellido, según el cual aquellos municipios que contaban con mayor número de agricultores de tamaño pequeño (mediano), exhibían parámetros de bienestar socio-económicos superio­res a los que poseían menos explo­taciones pero de mayor tamaño. Ese efecto fue revalidado recientemente en varios estados norteamericanos, particularmente referidos a estudios sobre cerdos en contra de la retórica actual, que propicia la gran escala, siendo que para la salud de los pue­blos rurales tener más productores constituye la base misma de su sus­tento y prosperidad.

La gran escala, de la mano de la especialización pretende presentarse también -al igual que en otros rubros del agro-, como factor de productivi­dad y eficiencia. Sin embargo existe sobrada evidencia aquí y en otros países, de que criaderos de cerdos relativamente pequeños, familiares -digamos arbitrariamente de unas 100 madres-, pueden tener costos de producción más reducidos, ser manejados por hom­bres mejor preparados para el trabajo con animales y mostrar superiores medidas de eficiencia y calidad por donde se los mire. Así es en Dina­marca, el país más avanzado en la materia, donde el promedio de los criaderos es de 160 madres.

Afortunadamente, en la situación argentina, la opción insuperable radica en combinarla con cultivos de maíz y soja transformando estos granos en carne de cerdo en el mismo campo. No existe componente tecnológico más eficaz que éste en bajar los costos, a la vez que se disminuye el riesgo (precios, clima) y se amplía -triplica-, el margen de ganancia por hectárea sobre la agricultura pura. Este crite­rio ha sido últimamente verificado en distintas regiones de EE.UU. y en diferentes combinaciones agrícola­ganaderas, siendo además una de las estrategias para revertir la disminu­ción de productores y su migración hacia las metrópolis.

INVERSIÓN

La enorme inversión en instalaciones y equipamiento es otra faceta crítica de las "factorías". Se dice que hoy se necesitan u$s 5.000 por madre en un gran criadero sú­per intensivo; el paquete tecnológi­co convencional para la gran escala. Semejante nivel de inversión lleva­ría a u$s 500.000 el capital necesario por puesto de trabajo (el valor de 5 cosechadoras) y representa un costo indirecto (amortización, intereses) tan alto que anula cualquier mejora del costo operativo.



En el fondo, la mayor parte de la tecnología generada en las décadas pasadas han apuntado, más que nada, a posibilitar un aumento casi ilimi­tado en la escala de las explotacio­nes; y éste parece ser el verdadero motivo que las justifica en pos de alcanzar una posición dominante del mercado, como en la avicultura. Con dichos modelos los productores ru­rales independientes, sencillamente desaparecerán.

En la tecnología adecuada para la mediana escala, como puede ser la cría a campo actualizada, las inversiones alcanzan la décima parte, o menos, en tanto la productividad es similar, tal vez algo inferior, pero con ventajas adicionales referidas a los nuevas exi­gencias sobre salud y bienestar animal, éste último uno de los principios de creciente importancia.

BIENESTAR ANIMAL

En efecto, la responsabilidad ética ante los seres vivientes ya está claramente estable­cida. Entonces, en casi todo el mundo se ha acordado la meta de erradicar el alojamiento de las cerdas gestantes en jaulas (se piensa extenderlo a las jaulas de parto) para dentro de 4 años porque se considera que imponen sufrimiento al impedir la libertad de movimientos y normal compor­tamiento de los animales. La inves­tigación está mostrando alternativas superiores como el alojamiento de las madres o los capones en engorde en corrales con cama de paja, los llama­dos "túneles" (hoops).

Tanto la investigación como la práctica de campo ha verificado que el parto y la lactancia de las cerdas libres o sueltas, en contra de las en­jauladas, constituye una alternativa actualizada y realista.

Entre otras prácticas también se están objetando las naves con corra­les de engorde que albergan una alta densidad de cerdos y que poseen toda la superficie del piso ranurada, para eliminar las deyecciones, donde los animales están impedidos de diferen­ciar una zona de reposo limpia, como es su hábito natural. Lactancias más breves a 4 semanas son igualmente cuestionadas.

Las pautas sobre el respeto ele­mental por las condiciones a que son sometidos los cerdos aparecen como exigencias de los consumidores, al considerarlas un componente de la calidad de producto. En el mundo aumenta el número de populares marcas comerciales que incorporan protocolos de buen trato a los cerdos que adquieren para sus faenas.

Finalmente, el otro gran tema que viene ganando importancia es el im­perativo por revertir el deterioro de la calidad intrínseca que muestra la carne porcina; un efecto indeseado que está genéticamente ligado a la selección por magro y la conversión alimenticia.

Hoy la mayoría de las líneas ge­néticas, sintéticas de conformación musculosa y jamonuda, propia de la raza Pietrain de donde derivan, son eficientes convertidores de ración, sus carcasas ostentan un alto conte­nido de magro, pero poseen una cali­dad de carne decididamente inferior, tanto si se destinan al procesamiento o lo que peor aún, si van para consu­mo fresco; igual que lo ocurrido con el tomate, las frutillas o los pollos, lista que, penosamente, se podría extender.


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