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Programa de manejo en cautiverio de la perdiz colorada (Rhynchotus rufescens)

 

Dr. Félix Alfredo Martínez. 2006. Cátedra de Zoología y R. Fáunicos A, Facultad de Ciencias

Veterinarias, Universidad Nacional del Nordeste, Corrientes, Argentina.


Introducción

El propósito de la cría de aves silvestres como animales productores de carne y huevo, es el de lograr la incorporación de nueva fuente de proteínas para el consumo humano y brindar a las otras posibilidades rentables.

Las mejoras de las técnicas de crías dependen de los trabajos de experimentación que tienden a determinar, por una parte, cuáles son los mejores productores, y por otra, de qué forma se pueden paliar las deficiencias, a veces inevitables, en el acondicionamiento temporal para favorecer su futura aclimatación.

En una explotación de aves silvestres, como las perdices, hay que considerar cuatro secciones: corrales de reproducción, crecimiento o recría y presueltas, sala de incubación y de desarrollo de los perdigones.

Instalaciones:

Existen dos modalidades de crías que pueden utilizarse, el sistema de apareamiento al azar, tal como se establece en la naturaleza y el sistema de apareamiento dirigido, basado en las crías de casales o tríos. Los costos van a variar de acuerdo a la infraestructura, número de animales y a las posibilidades económicas del productor.

En el sistema de apareamiento al azar se debe disponer de un módulo o corral de reproductores, una de incubación, de cría y crecimiento.

En el supuesto caso de optarse por un sistema dirigido, pueden disponerse en dos módulos de 175 m2, 15 compartimentos de apareamientos de 10 m2, que permitirían alojar a cinco (5) reproductores en cada uno de ellos. Si bien estos animales son resistentes a los cambios de clima, es esencial que dentro de la jaula exista un tinglado o box de resguardo donde se ubican los comederos y bebederos.

Los mismos deberán estar recubiertos y techados con una malla de alambre tejido, con una base de ladrillo u otro material (hormigón, fibrocemento o chapas de acero galvanizado) de unos 40 a 80 cm de altura a los efectos de evitar la entrada de depredadores. El armazón de estas instalaciones pueden ser de caños galvanizados, que exige mucha conservación, madera, mucho más barato al precisar menos mantenimiento, pero que se deteriora mucho más deprisa, u otro material. Se calcula en los corrales de reproducción una densidad de no más de un ave cada dos metros cuadrados y una proporción de dos machos y una hembra para asegurar la fertilidad.

En un corral de reproductores, de unos 450 m2 se podrían incorporar unas 250 perdices, 90 hembras y 170 machos, con una producción media de 2.300 a 2.700 huevos.

En su interior es necesario la implantación de matas de pastos, paja o gramíneas bien distribuidas para que las aves obtengan refugio ante el sol, la lluvia o el viento, como así también donde ocultarse y poder instalar su nido.

Reproductores:

La forma de iniciación del criadero se puede establecer mediante la captura de reproductores de la naturaleza o por recolección de huevos durante su período reproductivo. Ambos sistemas presentan ventajas y desventajas.

Alimentación:

De suma importancia para el desarrollo y cría de estas aves, es primordial suministrar un alimento sano, fresco, y rico en proteínas que brinde los requerimientos básicos de dicha especie. Se debe proveer de alimento balanceado con un tenor proteico del 24 al 28% aproximadamente. Si disponemos de un porcentaje menor al indicado podemos adicionar a la dieta insectos de todo tipo (langostas, escarabajos, etc.), lombrices o bien harina de pescado, sangre o soja, que aumentarán dicho tenor, facilitando una mejor digestibilidad y aprovechamiento.

Las aves que consumen raciones con tenor de proteínas más elevado por un mayor período de tiempo, tienen una ganancia de peso superior a las demás aves.

Sexado y anillado:

Debido a que son aves monomórficas se debe realizar el sexado en el mes de agosto, para individualizar los machos y hembras y establecer la conformación del plantel.

Postura:

Se calcula que una hembra pone un promedio de 35 a 40 huevos por temporada en la secuencia de uno cada 36-48 horas. Los mismos miden 47 a 60 x 28 a 40 cm, son de color marrón achocolatado, de superficie lisa y brillante, llegando a pesar 51 a 60 g.

Incubación:

Es quizás el paso más importante, junto con la cría de estas especies. Es donde los errores o accidentes tienen mas repercusión en la operación. Puede realizarse en dos formas: natural y artificial, siendo más aconsejable esta última, teniendo en cuenta que el macho puede abandonar el nido y perderse toda la nidada. Se emplearán incubadoras artificiales, horizontales de hasta 100 huevos, llevándose a cabo a una temperatura de 39,5- 39,1° C y 80% de humedad, produciéndose los nacimientos a los 19 días. Nacen con 29 a 37 g de peso, aumentando 27 a 31 g a los diez días de vida. Previamente serán identificados, anotándose en una planilla la fecha y el número de los mismos que son incubados.

Perdigones recién nacidos:

Permanecerán en incubadora por 24-36 horas para posteriormente trasladarlos a una habitación, en donde se los ubicará dentro de criadoras, que consisten en una fuente de calor proporcionada por una campana madre, rodeada por un cerco, y un aislante del suelo (virutas de maderas) hasta la edad de 6 a 8 semanas, para luego pasarlos a los corrales de cría o crecimiento. La densidad de aves será de unos 10 a 20 perdigones por m2 y cada semana se ampliará este espacio en un 20 a 30% por ave. Luego recién se le podría suministrar, huevos picados solo o con sémola, cuatro veces al día, a razón de 2 g por animal. O bien, lo más frecuente, brindarle alimento balanceado, iniciador para BB con un 21% de proteína hasta los 30 días de edad, donde poco a poco se irá mezclando con la ración de adultos, hasta utilizar esta última por completo a partir de los 40 días de vida. Agua con antibióticos los 4 primeros días. A las 48 a 72 horas se los pasan a un recinto circular (a piso, similar para pollitos BB) con una campana madre, en una sala de cría. Se le debe suministrar una alimentación con alto contenido proteico y bajo % de fibra.

 

Los resultados de la cría de estas especies pueden estar orientados a la producción de carne, huevos, reproductores (requeridos por productores y estancieros ante su desaparición) y perdigones (para exportación).


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