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La ausencia de animales domésticos fue lo que dejó sin defensas a los indios

Cristina Saez. 2008. Información Veterinaria, Córdoba, 160:58-59.

 

Un articulo publicado en la revista Historia y Vida (Nº 480, 94), bajo el título "Males de importación" da cuenta de una nueva, y quizás polémica, hipótesis sobre el origen de las masivas epidemias que diezmaron a la población indígena americana con la llegada de los españoles.

La autora, Cristina Saez, se pregunta ¿por qué contrajeron los indios las graves enfermedades europeas y no pasó lo mismo con los españoles enfrentados a las enfermedades americanas?

La brutal mortandad de los amerindios sorprendía a los europeos. Niños y adultos eran pasto de enfermedades que en Occidente apenas suponían entre un 10 y un 15 % de las muertes. ¿Por qué los americanos carecían de inmunidad ante los gérmenes importados? Durante décadas, científicos, antropólogos e historiadores buscaron las razones de aquella indefensión. Finalmente acordaron señalar la ausencia de animales domésticos como la principal causa.

Al adoptar una forma de vida en torno a poblados, los primeros hombres del Neolítico, en el territorio que hoy es Europa, empezaron a domesticar animales salvajes. Los cerdos, vacas, gallinas, ovejas y caballos con los que vivían pronto les transmitieron enfermedades. Sabemos, por ejemplo, que la viruela, el sarampión y la difteria se originan en el ganado, mientras que la gripe procede de los cerdos y las gallinas. William McNeil, historiador y profesor emérito de la Universidad de Chicago, explica que aquellos virus sumamente potentes atacaron por igual a jóvenes y adultos totalmente indefensos y eliminaron a los más débiles. Quienes lograron sobrevivir desarrollaron resistencia a los virus. Poco a poco, enfermedades que antes habían sido letales pasaron a ser propias de la infancia; aunque, en ocasiones, se produjeron pandemias de magnitudes brutales, como la de la peste negra en el siglo XIV.

Por el contrario, en el Nuevo Mundo, donde pocas enfermedades nativas representaban una amenaza para los europeos, apenas había animales domesticados. Para encontrar una explicación a ello hay que remontarse a algún momento de la Edad del Hielo, cuándo se llevó a cabo el proceso de población de América. Existe un consenso sobre la vía de entrada de los primeros colonos: el mar de Bering (al norte del océano Pacífico), en aquel entonces totalmente helado. El hemisferio norte estaba cubierto de glaciares de hasta tres kilómetros de espesor, que condensaban el 5 % del agua del planeta. Esas inmensas moles de hielo actuaron de barrera contra las enfermedades del Viejo Continente, ya que impidieron la vida de los gérmenes y de sus portadores, mosquitos y gusanos entre otros.

Al atravesar la región de Beringia, aquellos colonos se encontraron con animales descomunales, como mamuts, leones y osos gigantes, la mayoría de los cuales no eran domesticables. Además, muchos murieron a causa de los cambios climáticos del Pleistoceno (hace entre 1,8 millones de años y 10.000). Se calcula que desapareció el 80 % de los mamíferos de América. La fauna del Nuevo Mundo se empobreció hasta quedar reducida a bisontes, ciervos, cabras montesas y antílopes, animales que no eran potencialmente domésticos.

La combinación de estos factores dejó a los americanos sin animales con los que compartir nuevos agentes patógenos. Solo en Sudamérica, donde criaban camélidos (llamas, alpacas, vicuñas y guanacos), había una fuente potencial de enfermedades. Pero estos mamíferos y sus cuidadores vivían en los Andes, en grupos pequeños y dispersos. Eran muy pocos y estaban aislados, por lo que difícilmente podían contagiarse unos a otros.

Tras la llegada de Colón a América en 1492, pasaron cerca de cinco siglos de exposiciones repetidas a las epidemias hasta que, gracias al avance de la medicina moderna, las poblaciones indígenas americanas comenzaran a recuperarse. Pero no solo las enfermedades importadas en primer lugar fueron las causantes de aquel genocidio. La llegada de los europeos también introdujo cambios dramáticos en el estilo de vida de aquellas sociedades. Las nuevas epidemias, en parte, se debían a la desestructuración del sistema social nativo. Es el caso de la tuberculosis, asociada a la malnutrición, a la guerra, a la pobreza y al abuso del tabaco y del alcohol.

Si aquellos virus, más mortíferos que cualquier espada, no se hubieran aliado con los europeos; si los indígenas hubieran tenido enfermedades propias que contagiar a los colonizadores; si aquellos indios no hubieran sucumbido masivamente a las enfermedades del Viejo Continente; si la fauna americana no se hubiera extinguido al final del Pleistoceno; o si aquellos primeros euroasiáticos no hubieran abandonado jamás Asia, probablemente la historia de América y del mundo sería otra.

 

 

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