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¿Qué pasaría un día, sin veterinarios?

Dr. Leonardo Sepiurka. 2009. Motivar, Bs. As., 9(74).

Introducción

En el tratamiento de las personas actúan 21 profesionales como mínimo; cada uno especializado en una rama de la medicina. Un veterinario necesita conocer todas las especialidades para cuidar a los animales.

 

 

 

La historia de la profesión en el mundo se remonta a más de cinco mil años atrás, pero cada 6 de agosto se festeja el día del veterinario argentino, en conmemoración a un año más desde el inicio de los estudios en el país, a fines del siglo XIX.

En el entonces Instituto de Santa Catalina se comenzaron a dictar clases para las carreras de Agronomía y Veterinaria y la evolución del conocimiento y los avances de las ciencias hicieron que cada una tomara luego su propio impulso y ocupara sus incumbencias específicas.

Prueba de ello es que la Sociedad de Medicina Veterinaria, que representa académicamente a estos profesionales, haya también cumplido 111 años el pasado 27 de marzo de 2008, siendo una de las sociedades científicas más antiguas del país y de Latinoamérica. 

En el tratamiento de los seres humanos actúan 21 profesionales, como mínimo. Cada uno especializado en una diferente rama de la medicina, mientras que un veterinario precisa conocer todas esas especialidades para cuidar a los animales a lo largo de toda la vida.

Las especialidades también existen pero él está capacitado como generalista para la prevención y tratamiento de enfermedades infecciosas, parasitarias, metabólicas y carenciales, por sólo nombrar algunas de las tantas que diagnostica y trata, velando por la salud y el bienestar animal.

Si se realizara una encuesta, los resultados demostrarían la percepción acotada que tiene la comunidad acerca de los roles de nuestra profesión.

Diferentes son las visiones del habitante de grandes ciudades, quien nos percibe como clínicos y cirujanos, además de identificarnos con quienes venden animales, se ocupan de la higiene de los mismos, y quienes les prescriben los alimentos que requieren. Influyen en  estos aspectos la imagen que se muestra en los distintos medios audiovisuales.

Quienes viven en las zonas rurales, tienen más clara la función primaria de la atención de la salud de los animales (bovinos, porcinos, equinos, ovinos y caprinos). La lista se amplia con los conejos y otros pilíferos, y aves tales como pollos, pavos, patos, codornices, gansos, faisanes, y  ñandúes. Se suman a su cuidado los cérvidos, camélidos sudamericanos y yacares.

La preservación de las especies requiere del cotidiano accionar de los veterinarios, quienes celosamente contribuyen a asistir a animales en peligro de extinción y atienden tanto a los silvestres o autóctonos, como a los exóticos, en reservas y zoológicos.

Un aspecto menos conocido es el de su función como agente primario de salud, atendiendo no sólo a la sanidad de los animales sino también a la salud pública.

Hitos de la profesión

Fueron también veterinarios quienes desarrollaron técnicas de enclavijamiento para la reducción de fracturas; la    primera prótesis de cadera; la primera jeringa hipodérmica; la primera medicación parenteral; los que desarrollaron el primer electrocardiograma y la primera cateterización cardiaca, y los que aplicaron las primeras anestesias epidurales.

Larga sería la lista de descubrimientos y aportes realizados por los veterinarios, que fueron útiles para la salud de los animales, pero que luego sirvieron para la salud humana, sin olvidar que diariamente contribuyen con su aporte a los equipos interdisciplinarios que investigan nuevos procedimientos, fármacos y técnicas que permiten prolongar y mejorar la calidad de vida de la humanidad.

Un proverbio chino cita que: "existe mucho del ser humano en el animal y todo lo del animal en el ser humano".

En el camino de acabar con el hambre, su presencia es irremplazable en las etapas de producción, y a los fines de la  prevención, su participación es imprescindible en todos aquellos lugares, como frigoríficos o mercados de concentración, donde se procesen, conserven y   comercialicen alimentos de origen animal, como las distintas carnes y embutidos, pescados, aves y huevos, leche,   quesos y otros derivados, y la miel. De esta manera, verifican que estos productos  estén aptos para el consumo humano.

Evitan la propagación de enfermedades zoonóticas que comprometerían seriamente la salud y hasta la vida de las personas, desde el control que ejercen sobre la salud de los animales vivos o como inspectores bromatológicos.

Tan sólo como ejemplo puedo citar a la brucelosis, la tuberculosis, la triquinosis, el carbunclo, o a la psitacosis, toxoplasmosis, leptospirosis y rabia, por ser las más conocidas.

La labor a campo se complementa con la del laboratorio, donde se verifican y certifican los distintos requerimientos diagnósticos, y en la industria farmacéutica donde se producen los fármacos y biológicos necesarios para la prevención y tratamiento de las diversas enfermedades.

Cabe pues imaginar cuáles serían las consecuencias si en un utópico día, el trabajo cotidiano que naturalmente cuenta con la irrenunciable presencia de los veterinarios, se viera paralizado.

Desgranamos esta idea con el sólo fin de homenajear a tantos anónimos profesionales que, al igual que otros tantos trabajadores, contribuyen con su labor al bienestar de la población y al crecimiento del país en un mundo viable.

 

 

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